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VIVIANA RESTREPO OSORIO, LA EDICIÓN ES UNA RUTA DE APRENDIZAJES QUE LLEVA AL LIBRO

La poeta Viviana Restrepo Osorio publicó, de manera independiente en 2011, el libro de poemas Lo que dura un eclipse (El propio bolsillo), y en 2020 Camino de inicio, bajo su propio sello editorial, Otrabalsa, que el mismo año fundó con Elkin Obregón y Felipe Restrepo David, después de haber logrado un reconocimiento en la Convocatoria de Estímulos de Arte y Cultura de la Alcaldía de Medellín en 2020, en la categoría autor-editor. Hoy hace parte de Como en casa: de editores, libreros y escritores, proyecto ganador del Estímulo a la creación, producción y circulación Medellín con L de Letras de la Alcaldía de Medellín, 2021.

Viviana Restrepo Osorio / Fotografía @maria_pia_perez

Cuando escribió su primer libro sintió que dejó salir algo que tenía atorado en la garganta. Hace unos días, cuando anunció en sus redes la publicación de un nuevo título de crónica: Brevemar, de la narradora Lina Marcela Cardona, como editora sintió que ayudó a la autora a halar una pita para que volara su libro. Brevemar saldrá de la imprenta esta temporada junto a Los médanos del erotismo, del ensayista Juan Manuel Cuartas Restrepo, otro libro de Otrabalsa editado por Felipe Restrepo David, con quien comparte la fe en este nuevo proyecto, que ha sido para ambos la oportunidad de crecer como profesionales, y creyentes del trabajo editorial; para Viviana, en particular, estas últimas publicaciones de Otrabalsa hacen parte de un camino de aprendizaje que ella ha venido recorriendo con intuición, y mucho afecto por la poética que requiere la labor editorial.


Lo suyo es la poesía, entre otras cosas, como editar a poetas emergentes que, según su paladar, merecen encontrar el cielo en los ojos de sus lectores. Ella comenzó a caminar cuando, como lectora, hizo parte del taller de escritura creativa Te-lees-kopio de la biblioteca pública Comfenalco Castilla, donde se encontró con autores que la llevaron a escribir; ella dice: “la biblioteca salvó mi vida”, y en efecto, le dio un rumbo, allí tuvo la tutoría del poeta Pedro Arturo Estrada, que la leyó, y la acompañó durante esa época en la que escribió sus primeros poemas; recuerda que él le decía: “En poesía es mejor quitar que poner”. Con esta recomendación ella se acercó cada vez más a su propia manera de escribir y editar.


Ella vivía en un entorno barrial hostil, y esa experiencia le dio una nueva compresión de lo que haría con su vida después de graduarse del colegio. No pudo pasar a la universidad pública a la primera, pero la literatura la llevó de la mano a conocer a otras personas, y otros lugares donde fue encontrando el impulso para lograrlo a la segunda. Fue tallerista en el proyecto Gulliver, estuvo frente al público del Festival Internacional de Poesía de Medellín como poeta invitada, y fue en una ocasión cuando trabajó como promotora de lectura en el Sistema de Bibliotecas Públicas que al fin comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana. Pero algo fue realmente diferente cuando terminó su contrato en el sector público, experimentó el comienzo de una transición en la que hizo una pausa, en ese tiempo conoció a Elkin Obregón, a quien le ayudó por entonces a sistematizar su biblioteca personal, y, por esas cosas que no esperaba de la vida, él se convirtió en un padre para ella; entre charla y charla, sumergida en el universo del escritor y dibujante, en una casa del barrio Prado centro donde el tiempo transcurría de otro modo, Viviana sintió el impulso de darle teoría a sus prácticas con la literatura y los libros, es ahí cuando retoma sus estudios de Filosofía, pero en la Universidad Luis Amigó. De Elkin aprendió muchas cosas, sobre todo el valor de la amistad, él siempre la impulsó a seguir su instinto de poeta, y le heredó más de una expresión, gestos, y formas de ser, y ella en gratitud por le dedicó su Camino de inicio, porque así fue ese periodo de su vida, hasta que sin darse cuenta se metió de lleno en la edición, acompañada también por Felipe, así, los tres se juntaron para navegar en Otrabalsa.


En 2016 Viviana ganó el premio, en la categoría de poesía, Los sueños de Luciano Pulgar de la Alcaldía de Bello. Esos poemas, con los que se presentó al certamen, más otra colección que nació en plena pandemia, la guiaron por el deseo de autoeditarse, y en ser muy rigurosa con ello. Por otro lado, sumando la experiencia de editar el libro de Lina Marcela Cardona, Brevemar, descubrió que una publicación es el resultado de una serie de procesos que trascienden la escritura, atraviesan lo personal, y que se deben dar fundamentalmente en la conexión entre la autora y la editora. Lo demás es escucha, y una revisión responsable de estilo, como parte de otro diálogo entre el corrector, la editora, la diagramadora, y la posibilidad más genuina que puede alcanzar la obra.


Aparte de su trabajo como editora en Otrabalsa, ella también es correctora de estilo en South Pole, empresa suiza de consultoría en cambio climático, allá se ingenió para los empleados un personaje conocido como el pingüino gramático, este dummy al que Elkin bautizó Édgar, tiene como objetivo resaltar la importancia de escribir correctamente para lograr una mejor comunicación empresarial. En cada uno de los casos con los que se encuentra habitualmente aquí o allá, en sus correcciones de estilo, Viviana identifica esas dificultades que se pueden llegar a tener a la hora de escribir. Entre sus aprendizajes, observa de soslayo aquella soledad que trae consigo la creación, y afirma que la escritura se convierte en una escuela si la conversación logra tocar la intimidad donde nacen las ideas; ahí es entonces cuando una editora entra a acompañar como una voz de ánimo, otras veces, como fuente de preguntas que sirven para encontrar un libro único y perdurable para la emoción de los lectores. Viviana parte de la necesidad de escuchar al autor, su método es flexible, siempre y cuando exista una actitud profesional que se refleje en la calidad de lo que se edita con tanto empeño —en este sentido, editar también es crear—dice. En Otrabalsa, cada aprendizaje que surge desde la corrección de estilo hasta la producción del objeto libro le suma belleza a la experiencia del lector.


Viviana Restrepo Osorio / Fotografía @maria_pia_perez

Para Viviana, con la poesía pasa algo curioso: hay muchos autores que comienzan autopublicándose a falta de grandes sellos que se puedan interesar en un negocio que no deja ganancias, y con la cosecha permanente, y tal vez en aumento de nuevas plumas, gracias a la existencia de varios talleres de escritura a lo largo del país, alguien tiene que hacerlo, porque no podemos, ni debemos dejar de leer poesía. En Otrabalsa saben que un primer libro hace parte de un camino de formación, como el mismo camino que Viviana ha venido trasegando, para trascender el puerto y encontrar la buena mar de sus nuevos proyectos. Hacer parte de Otrabalsa no solo ha sido la posibilidad de publicar, también la de hacerse a un nombre como editora y anfitriona de nuevos libros de poemas, o de crónica, o de cualquier otro género literario, porque en ello, ella pone todo su ser, pero sobre todo su vivencia como poeta. A puertas de Brevemar, se escuchan los pasos de otra autora que viene en camino, con otro título que más adelante se podrá revelar, por ahora es una sorpresa, mientras tanto podemos anunciar que para Viviana Restrepo y la editorial Otrabalsa, la belleza del lenguaje escrito está por convertirse en una serie de libros y de autores que sobresalen, y ese, más que un sueño a realizar, es un fruto que ya viene madurando, y al que próximamente podremos disfrutar como un manjar.

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