• La Mosca Luminosa

ANDRÉS NEUMAN: ESCRIBIR UNA PÁGINA QUE PERTENEZCA A TODOS LOS GÉNEROS.

Ronald Cano.


Una entrevista hasta ahora inédita, apta para lectores que recién se inician en el arte de la escritura.
Fotografía: Fiesta del Libro /Julián Roldán.

Desde aquel día en el que tuve la oportunidad de entrevistar al escritor Andrés Neuman han pasado aproximadamente seis años. Sucedió durante la Octava Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. En este lapso de tiempo, el entrevistado, como era de esperarse, publicó nuevo material. Por mencionar algunos títulos, Vivir de oído (un libro de poemas), Fractura (una novela), Caso de duda y Anatomía sensible (libros de no ficción), entre otras ediciones y re-ediciones que sus casas editoriales en varias latitudes del mundo no han escatimado esfuerzos en considerar de gran importancia para la literatura universal. Vale agregar que, mientras esta entrevista permaneció inédita, también fue reconocido con el premio The Firecracker Award otorgado por The Community of Literary Magazines and Presses y The American Booksellers Association.


Muchas cosas más podríamos reseñar sobre Andrés Neuman. Si quisiéramos abarcar su extenso recorrido literario tendríamos que hipervincular nuestra curiosidad a la reseña biográfica que ofrece Wikipedia, o su sitio web personal. A parte, sobre él podemos precisar que, aunque es considerado un escritor que ha desarrollado el arte de la brevedad también ha construido una literatura abundante en magnitudes imaginativas.


R: ¿Qué tan micro puede llegar a ser la vida?

A: Supongo que la vida, igual que la narrativa breve, tiene que ver con la capacidad y la aspiración de que lo micro se convierta en macro, de que los detalles y las pequeñas cosas, las esquinas de la realidad, se transformen en el centro de “algo” aunque sea fugaz.


¿Se puede cultivar la brevedad casi perfecta?

No sé si la brevedad necesariamente ha de ser perfecta, creo que la brevedad necesita ser misteriosa y, por ello, una imperfección bien manejada, bien trabajada, sigue reverberando más que una perfección cerrada. Cuando un texto es demasiado perfecto no hay manera de intervenir en él, de entrar en él, entonces a veces una imperfección, una elipsis, una desviación puede hacer más por lo breve que el empeño por redondear demasiado; lo redondo es como una puerta cerrada, un escrito abierto dista de parecerse a una figura geométrica perfecta.


¿Cómo es un día normal en su vida?

No tengo días normales, para empezar duermo poco y me obsesiono con la escritura, mi cuerpo se cansa al final del día, pero aun así no considero que escribir sea un trabajo, tiene que ver más con el orden de mis obsesiones; siento que un libro me contagia y no puedo hacer nada más que escribirlo. Muchas veces la realidad me pide que haga otras cosas, y solo llego a terminarlas a cambio de exigirle a mi cuerpo o de enloquecer un poco más. En todo caso, escribir es una forma de vida que he venido eligiendo, no me quejo.


Ya que hablamos de obsesiones, sabemos que ama el fútbol ¿por qué no escogió ser futbolista?

Empezando por el final, quise ser futbolista pero la naturaleza se opuso, fui un mediocre futbolista de campos de tierra en Granada, de niño aspiraba, soñaba con ser jugador de Boca Juniors, quiero decir que el fútbol no lo descarté, el fútbol me descartó a mí; una vez tuve una lesión estúpida, me lesioné las dos rodillas en la misma jugada. No creo que nadie haya conseguido eso, y un poco gracias a esa lesión, la cual tuve a los quince años de edad, dejé de entrenar durante meses, en ese tiempo lo único que hice fue leer y escribir. Cuando volví a estar en condiciones de entrenar me di cuenta que en realidad no quería jugar fútbol, lo que ahora quería era escribir. Pero si esto me lo hubieras preguntado a los diez años te hubiera dicho que por supuesto, que sí quería ser futbolista, qué otra cosa se puede querer a esa edad.


Usted es joven, y el inventario de sus publicaciones es amplio ¿cómo explica esto?

Recuerdo que a Truman Capote en cierta ocasión, en relación con su primera novela “Other Voices, Other Rooms”, la cual yo admiro mucho, le preguntaron ¿Cómo había logrado escribirla siendo tan joven? Él tenía veintitrés años, a lo que respondió: No sé qué tiene de sorprendente, si llevo media vida escribiendo.

Desde ese punto de vista, si alguien está obsesionado desde muy niño con la escritura, el resultado en cuanto a la acumulación de páginas es natural; también es casi inevitable que con el tiempo vaya en aumento la calidad de sus escritos. Además, nunca me fascinó lo cuantitativo a la hora de evaluar a un escritor, es decir, se me ocurren paradigmas opuestos, está Juan Rulfo que escribió dos libros y con eso fue suficiente, también se me ocurre el paradigma Borges, y ya que estamos de centenario, el paradigma Cortázar. Ellos siempre añadían un libro más a la obra como si se tratara de una obra pulpo llena de tentáculos. Es más importante entender que no se le podía pedir a Rulfo que fuera más fértil, ni se le podía pedir a Borges que no escribiera más. Es una cuestión profundamente relacionada con el carácter. Yo personalmente no puedo no escribir.


¿Existe un momento en el que usted no escriba?

Sí, en los peores momentos de mi vida no escribo, es decir, son periodos de no escritura, momentos en que la vida va perdiendo sus dimensiones. Cuando escribo la realidad se plantea bidimensional y comienzo a leerla y a reescribirla, rápidamente pasa a tener tres y hasta cuatro dimensiones, pero debo admitir que hay momentos en los que no puedo escribir o no me sale, son crisis de las que trato de salir lo más rápido posible, y no me refiero al acto de publicar, te hablo de escribir, del acto de creación literaria que es diferente. Aunque yo publico mucho, creo que podría estar sin publicar, pero no podría estar sin un libro en mi vida, el que sea, como sea.


Una pregunta muy común que suele hacerse a escritores ¿Tiene algún ritual para antes de escribir?

Los rituales distraen la atención, empiezan a poner obstáculos entre el lenguaje y uno. He ido perdiendo rituales y me he vuelto más directo a la hora de empezar, eso no quiere decir que escriba más rápido, pero hay que sentarse cuanto antes. Lo que sí me gusta mucho es prepararme un té antes de escribir, eso sería, a mi pesar, un brevísimo ritual, y que me lo prepare yo, claro está; me gusta pasar un momentito eligiendo la hierba, porque en ese instante comienzo a cocinar el tono de lo que voy a escribir pero enseguida conviene saltar a la página, para evitar el riesgo de que el ritual se pueda convertir en un sistema de pretexto para dejar de escribir.


¿Le teme al síndrome de Bartleby?

Vila-Matas no ha parado de escribir desde que escribió Bartleby & Cía. No hay Vila-Matas más grafómano que el Vila-Matas que habla sobre los que no escriben. Es importante entender un poco la fascinación por el silencio desde el punto de vista de un escritor parlanchín. El silencio es el vacío más comentado y estridente de la historia de la cultura. Así que no, al igual que Vila-Matas nunca me ha preocupado convertirme en un Bartleby porque los que hablan de Bartleby nunca se convierten en él, es al contrario, es un exorcismo, hablar de no escribir nos empuja a volver a escribir.


¿Llegó a pensar alguna vez que podría fracasar, o todavía lo piensa?

Por supuesto, sin la sensación de fracaso no hay aprendizaje estético, además desde un punto de vista estrictamente literario el éxito no existe, puede existir una buena crítica, un libro que se venda o un libro que se traduzca, pero lo que íntimamente puede llegar a pensar un autor sobre su libro, si no es en términos del fracaso, entonces corre un riesgo mayor, el de perder el interés literario. Uno siempre piensa que su libro ha fracasado y por eso escribe otro. Entonces, digamos, el fracaso es el motor, un desafío en el momento de la creación literaria, sin él seguramente dejaría de escribir, así que espero seguir pensando que voy a fracasar en algún momento de mi vida.


¿De qué se alimenta la literatura?

Creo que la literatura que más me emociona tiende a ser carnívora, a convertir todo en literatura, y más que poner un filtro de lo que es o no digno de ser literario, la literatura es actitud de apetito ante la realidad, no una parte especifica de la realidad.


¿Existe un método Neuman de escritura?

Para mí lo ideal es que cada libro genere su propio método, hay libros como El viajero del siglo que por su proyecto obligaba una larga preparación y a una documentación previa, pero nunca repetiría ese método con otro libro. Hablar solos que es la novela siguiente, tuvo todo que ver con la voz, era un ensayo de voz; escribía párrafos disfrazado con la voz de los personajes porque toda la novela reposa en el cruce de tres monólogos con tres voces muy distintas y, por lo tanto, era como el método de alguien que quiere encontrar una voz particular para cantar.

Pero algo considero cierto: los poemas proceden de un entusiasmo repentino que se desvanece si no se ejerce de inmediato, pero no hay nada más peligroso que escribir una novela en cuanto se te ocurre la idea. En la novela se trabaja sedimentando la idea en busca de la siguiente, se va complejizando, se va ramificando.

Entonces no hay un solo método, hay una diferencia entre el producto y el libro que se escribe; cada producto tiene un molde único y la escritura de un libro está plagada de incertidumbres, así que, más que un método, tengo un relato sobre cómo fue el método de cada libro que escribí.


¿Cómo pasa del microrelato a escribir novelas extensas como El Viajero del Siglo y Hablar Solos?

Son aprendizajes muy distintos, es como hablar varios idiomas. Las herramientas de una cosa no necesariamente te sirven para la otra; la mente del micro narrador, del aforista, del escritor de haikus, es profundamente elíptica, sumergida, silenciosa, más de descartar que de ejecutar, y la mente del novelista es por el contrario de largo aliento, procede por adicción, por capas, por superposiciones.

Trabajar en diversos géneros a la vez te obliga a convertirte en otra persona, o en varias, pero esos diferentes caracteres también pueden confluir en una misma página, y ahí es cuando yo siento mucha felicidad porque de pronto logro que en una página se encuentre implícito el resultado de incluir entre líneas la poesía más rotunda o la prosa más insospechada, destellos, fulguraciones y recursos que tienen qué ver con lo breve dentro de una historia extensa; ese sería el ideal, el ideal irrealizable en el que, por supuesto, uno cree que fracasará si se atreve, pero que vale la pena todo el fracaso por intentarlo. Escribir una página que pertenezca a todos los géneros, empleando todos los posibles recursos del lenguaje literario, digo, es un disparate irrealizable, pero de pronto, apuntar en esa dirección me parece hermoso.


Hablemos de lecturas ¿Qué relees constantemente?

A Cesar Vallejo, uno de los grandes poetas de nuestra lengua, al menos del siglo XX. A Rilke a quien envidio profundamente. Los cuentos y ensayos sueltos de Borges, con quien me peleo a ratos, él es para mí una potencia totalitaria, uno puede discrepar o no de él, pero Borges al final te contagia, te afecta con una especie de virus del que no es fácil protegerse.

Adoro también a Virginia Woolf. Cuanto más tiempo pasa más moderna es, fue una mujer que se hizo muchas preguntas que valían para el mañana. También me es gratificante leer a escritores clásicos, antiguos, y me doy cuenta de que no todo lo nuevo se produce ahora. Está bien creer que leer literatura de nuestro tiempo tiene qué ver con la nerviosa actualidad, y entender que la memoria de la que se alimenta el presente viene de atrás, de donde vienen las grandes obras.


Finalmente, en tiempos apocalípticos ¿sobrevivirá la ficción?

No me parece que la ficción corra peligro, la ficción es una necesidad antropológica, emocional, vivimos rodeados de ficciones, en internet, en las teleseries, en los libros, la propia historia es narrada en forma de ficción. No creo que entre todos los desastres del mundo uno de ellos sea la pérdida de la ficción, pienso en cambio en la utilidad que ha tenido la palabra y la literatura en todas las épocas, en la capacidad de transformación que poseen, es decir, que se van transformando según las circunstancias históricas.

Me interesa ver cómo se transforma la ficción, no creo necesaria la discusión sobre si va a llegar o no el fin, es como si me hablaran de la muerte del libro, del mundo editorial. La ficción es como la energía, ni se crea ni se destruye pero cambia, incluso mientras el último hombre pueda narrar el fin de los tiempos.


#gaceta